Carta de un padre

Preludio
Dos amigos: uno llorando y el otro que pregunta el porqué de su aflicción.
-Murió mi padre- dijo uno.
-¿Y por eso lloras? A mí se me perdió el tapón de la calabaza y aquí me ves tan campante...
El mío (que Dios haya), cuando estábamos tristes o llorosos por algún gran motivo infantil, nos contaba una y otra vez el mismo chascarrillo que, invariablemente, nos hacía pasar del estupor a la incredulidad y de ésta a la risilla floja; ni que decir tiene que para entonces el origen de nuestra magua ya se había olvidado, en su cariñosa cara se reflejaba la nuestra ya más conforme y sus hábiles manos, oliendo a Mecánicos blancos sin filtro, acababan la labor con alguna caricia, zalamería o sobado de mocos con su inefable pañolillo arrugado que desprendía un aroma mezcla de garepas, serrín, sudor de garlopa, tabaco y cariño paterno; si algún perfumista pudiera sintetizar ese aroma en alguna colonia, crema o potingue oloroso, haría su agosto (de por vida) con los garcía valencia.
Al año de su muerte, y como una especie de psicografia consoladora, nació esta carta que se supone él tuvo en mente pero que no llegó a plasmar sobre el papel para no entristecemos más, (seguro). Ahora estamos fuertes y lo recordamos con alegría y risas pero, todavía por aquel entonces nos hacía falta el empujoncillo de la misiva que su aliento me dictó y que dice así las cosas que hubiera querido manifestamos en su tramo final de vida terrestre, como su última voluntad, a modo de postrer carantoña vital...
"Carta de un padre"
(de cualquier padre)
¿Y por eso lloran? ¡A mí se me perdió el tapón de la calabaza y aquí me ven tan campante, sin una lágrima!
Podría comenzar esta carta quejándome de mi suerte, y achacarle a estos últimos años de mi vida todo el aparente infortunio que me rodea a causa de mi precaria salud. Pero no lo voy a hacer, no emitiré ni un solo suspiro de resignación.
No malgastaré ni un pisco de mi escaso hálito en inútiles lamentaciones, lo necesito enteramente para estar alerta, y así poder gozar de ustedes y con ustedes los minutos, los segundos que me restan hasta que sobrevenga el tránsito. La llegada del Santo Advenimiento.
Podría compadecerme, acusarme de no haber sido mejor padre, marido o abuelo, perderme en un intrincado galimatías de autoacusaciones que me alejarían de la idea principal que me mueve a escribir este breve texto: manifestar que he sido muy afortunado al contar con tan buenos compañeros de viaje en este ir que nos ha tocado, en buena parte, realizar juntos.
Podría, en estos momentos finales de mi camino, aferrarme irracional e inútilmente a lo que dejo, asirme obstinadamente a lo que no puede ser. Y, porque no quiero apartarme ni un ápice de lo que les quiero transmitir, acabo el mensaje permitiéndome decirles que no deben llorar por mi ausencia, que no se apenen en demasía, que no sientan tristeza cuando físicamente me haya ido... Búsquenme en los buenos tiempos, recuérdenme en los gratos momentos alegres, hállenme en ese rinconcito del corazón que genéticamente compartimos, véanme como viajero feliz y satisfecho en la partida...
Por lo expresado anteriormente, dejen que mi postrer acto como padre sea decirles lo siguiente: los quiero a todos. Y los querré siempre, hasta el fin de los tiempos, por toda la eternidad. Mi cariño por mi familia brilla y brillará con más fuerza que los miles de estrellas que tachonan la bóveda del cielo. Puede que yo muera, pero mi amor por ustedes jamás morirá; nunca se extinguirá.
Papá
Transcrito por Enrique Garcia Valencia, hijo de Luis el de Panchito el del Sindicato.
19 comentarios
Enrique el de Luis -
Yo estoy seguro de que, a veces, recibimos hasta una ayuda extra de los que ya se han ido (no sabría explicarlo, es una sensación personal).
Besos y memorias tantas, Gloria.
Gloria Bertrana -
Mi padre también se fue hace ahora algo más de un año. Era una persona muy alegre, simpático y parlanchín. Con todo el mundo enganchaba la hebra y siempre le recuerdo disfrutando de la vida, de las pequeñas cosas, de una copa con los amigos, de una buena cena, de una cacería, de una charla, de un paseo con sus nietas, de una discusión de fútbol...
Pero...aunque lo recordamos así, aun me duele su ausencia y siento mucha cuando pienso que ya no está conmigo.
Simplemente por estar escribiendo esto se me llenan los ojos de lágrimas.
Creo que...superar su muerte es aun mi asignatura pendiente.
Un abrazo fuerte
Enrique el de Luis -
Era un tratado bastante completo sobre el tema, ellos hacían hincapié en uno de los apartados explicando la tendencia que tiene mundo moderno y "civilizado" de ocultar los sentimientos hacia los difuntos por considerarlos propios sociedades "primitivas" y ancestrales; en definitiva: ya no se lleva el manifestar (fuera de unos canones equís) tanta devoción y afecto hacia los finados.
No sé que decirles (sé lo que siento) habrá extremos, incluso enfermizos en tal devoción, pero no seré yo quien fije el punto medio de una cuestión tan personal y etérea de nuestras creencias.
Yo por creer, creo hasta en los LARES, MANES y PENATES protectores de mi persona.
Teresa Amelia -
(los dos tenian mucho en comun.guagua,carpinteria y familia ,orgullosa de haberle tocado un padre como ellos)
se me quedo atras lo del pienado al mio en el Lomo Apolinario le conocian por el señor que siempre esta bien peinado.me acuerdo del fijador que usaba ,color verde en frasco de cristal com muchos circulos.
Me alegro mucho de recordarlos a todos (Antoñito el de Purita y padre de Marisa ). um beso a todos los hijos que han difrutado de su padre y le siguen recordando.
B. G. Cruz -
Añoranza, Recuerdos, Memoria, Nostalgia...
Te hize caso y me atreví a leer la carta, ahora es la tercera vez que la releo: GRACIAS Enrique, besos.
José Barrameda -
Marisa Q.Hdez -
Enrique García Valencia -
Marisa, espero que te encuentres bién, ¿y nosotros?
Un beso y muchas memorias.
Mª Luisa Quintana Hdez -
Un saludo
María Luisa Quintana
Kleinia Neriifolia -
Enrique García Valencia -
José Saavedra Molina -
Olga Vega -
digna -
Te quiero papá.
Digna
PD. Hoy es 2-11
digna -
Te quiero papá.
Digna
PD. A lo mejor me pase de sentimen
Pepita García Valencia -
Enrique García Valencia -
Cuando su vida general ya estaba cumpliéndose, y él estaba "atado" a una cama, tampoco perdió el humor y era capaz de alegrarnos el día con cosas tan prosaicas como el chato o la botella de orinar.
Luis se "durmió" con una sonrisa en la boca y peinadito, como le gustaba estar; ahora estará haciéndole alguna guspata a san Pedro o contando por enésima vez alguno de sus chascarrillos más logrados.
Mary Luz -
Recuerdo el cuento de cuando era cobrador de la guagua; cuando se encontró un paquete de chicles .Contaba que se puso uno en la boca y se le pegó a la dentadura. Nos relataba con artimañas como la gente le preguntaba: ¿Va pal puerto?, y él les respondía con un ji y un movimiento de manos como si fuera un molino.
¡Bien nos reíamos! Y si veinte veces nos lo contaba, veinte veces que nos reíamos.
Es bonito recordar a los nuestros con risas.
¡¡Una sonrisa para todos esos padres que ya no están físicamente con nosotros!!
Saludos a las muchachas
Un sindicatillo -
Cariño intenso y extenso que, como él proclama en su carta, nunca se extinguirá, jamás morirá.
Proclama y afanes suyos que, yo por mi parte, hago míos también en justa y sentida reciprocidad.