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ARTEVIRGO, desde La Aldea, miradas y voces

NOCHE DE SAN JUAN

NOCHE DE SAN JUAN

 

Preludio. Durante siglos (milenios si nos remontamos a la adolescencia de nuestro mundo) se creyó que la noche de san Juan era uno de los hitos mágicos del año en el que reinaban sin discusión las atávicas y secretas fuerzas de Natura. Todo era posible en esa víspera magistral y mágica. Las creencias populares, que  habían mamado generación tras generación de esos arcanos, se otorgaban la capacidad de muñir a los ocultos e intuidos hados, el poder de atraer -si se invocaban adecuadamente- a esas energías sacras capaces de transformar los deseos en realidad.

 

Así, los que deseaban amor invocaban en la anónima oscuridad a las potencias que lo posibilitan y practicaban, con reverencia ceremonial, los diversos ritos aprendidos de unos a otros en una iniciación secreta y apartada (o no) de la oficialidad religiosa del momento.

Los que ansiaban poder económico propiciaban sus particulares y adecuados rituales ad hoc, y los dolientes y aquejados de alguna malura que urgían salud a cualquier precio, practicaban las salutíferas terapias propias de la jornada.

 

Se completaba -sin saberlo la grey- el trípode sustentador de este mundo, las piezas vertebradoras del eje maestro que hace girar nuestro universo mágico, que remoza nuestras tendencias supersticioso festivas y que aplaca la omnipresente (y puta) angustia vital. Tal tríada, en el orden predilecto de cada cual, no es sino el ansia perpetua de:  SALUD, DINERO y AMOR.

Generalmente, la mayoría de los invocadores jugaba a tres bandas por si réspices no deseados medio amargaran algunos de los tres aspectos en liza. Crédulos e ilusos sí, pero precavidos.            

Los fieles sanjuaneros han considerado siempre que el fuego y el agua, cada uno en su momento, poseen dones y gracias de carácter muy especial; casi todo el conjunto de practicas adivinatorias tiene relación con estos dos elementos primigenios. El extenso champurriado de creencias y rituales es tutelado por un catalizador magistral, sin él todo sería en vano; por eso, toda la parafernalia va ligada al siempre nuevo y eterno elemento de orden astral: el solsticio de verano, mediodía del año y propiciador de la vida en sazón, de lo vital en su culmen.          

 

En el hemisferio norte esta fecha corresponde con el día más grande de luz solar; casi quince horas recorre el Sol desde el orto matutino hasta el brillante ocaso vespertino. Las hogueras y luminarias compiten para alargar esa claridad con sus luces titilantes, como queriendo ahuyentar las sedosas sombras y potenciar así la eficacia del citado fenómeno estelar.

 

Este trabajillo evoca aspectos sesgados de las épocas de solsticio en las que yo retornaba a la deseada Aldea de mis entretelas después de un largo y aburrido equinoccio en la ciudad; después de un inacabaaaaable curso escolar que me ataba, me mortificaba y  aquellaba mi sosiego en la gran urbe, tierra de promisión para mi familia pero (por entonces), Vetusta encadenante para mí: Las Palmas de Gran Canaria.

                                                                                                     "DEL   BEÑESMÉN"

 

Fue el año en el que las consumadas artistas populares que elevaban los altares allá por Corpus Christi rivalizaron como nunca lo habían hecho. Ganó - pa' mi gusto- por su belleza conjuntada y su diseño nada diletante, el que erigían en el pilar de la Cruz de Los Caídos, por La Pasadera. 

Fue el año de las más grandes fogaleras que yo recuerde. San Juan en su trono del río Jordán y, cercano ya su afelio, el astro rey en todo su apogeo de luz, magia y calor. En sus sitios, parvas de julagas acarreadas en parihuelas desde Gómez, el Lomo de Artejeves o desde cualquier sitio donde alguna de ellas se atreviera a tener un tamañillo aceptable y combustible aspecto.

 

 

 

Fue el año en el que los rejodínganos del Pinillo nos quemaron, el veintidós por la noche, todo lo que con gran esfuerzo habíamos juntado para san Juan. El veintitrés por la mañana ya estábamos cifrando planes de venganza y solucionando el problema con tomateros secos, carozos, palotes, atarecos viejos y diversos trastos. La carpintería de mi padre, por aquellos días, lucía limpia y brillante como una patena, el carpintero tenía que vigilar lo que se llevaba de allí la entusiasmada jarquilla recolectora,

 

Fue el año en que extremé y realicé con más devoción las prácticas rituales; había muchas cosas en juego, demasiados asuntos intuídos que necesitaban un empujoncito de las deidades más adecuadas. Puse, reverencial y confiadamente: papas debajo del catre grande de hierro, papelillos enrollados en una hondilla con agua, claras de huevo en un vaso de cristal, una palangana al sereno para recoger la tarosada de la noche y sal en un apretado hisopo atado con una cintilla roja.

 

Ya en el final del crepúsculo, cuando el cielo se tintaba con la paleta propia de "la Virgen planchando", recé la jaculatoria pagano católica aprendida de mi retía Adela Briginia mientras prendíamos el fuego. Media hora más tarde saltaba siete veces seguidas sobre  las menguantes llamas de la pira que se extinguía por momentos. Piñas  asadas, no les debo mentir, mangonié y me comí al menos tres, quién quita que fueran hasta más de cuatro...

 

Fue el año en que se me agrió la carava estival; el año en que el ritual agrícola de sol, agua y fuego me confirmó lo que sospechaba, lo que yo ya me olía. Me fallaron, sin remisión, las cábalas y las cabañuelas de ese año, el siguiente tuve que cambiar de colegio, de amigos y de parentela.

Mi padre consiguió una buena respuesta a sus ruegos sanjuaneros: trabajo en la Patronal de Jardineras Guaguas de la capital. Nos iríamos de arrancá pa Las Palmas, no había vuelta atrás, ya estaba todo apalabrado.

 

Fue el año en el que se les empezó a partir el corazón a mis queridas tías y abuela. El año en el que comencé a ver al coche de hora como a mi salvador, como san Cristóbal llevando al Niño, pero con ruedas; año en el cual se inauguró una larga temporada de  idas  y  venidas  desde el  loco ajetreo de la calle Camino Nuevo hasta la quietud amorosa y maternal de mi, ya para siempre, Vieja Casa.

 

Fue una larga y agridulce década de no ser de aquí ni de allá y ser, al mismo tiempo, de los dos sitios; tormento que no se lo deseo ni al barrabás más ruin e indino que pise la tierra. Con la edad fui aprendiendo a conjugar, a aceptar y a buscar el mejor acomodo a los acelerados cambios producidos en los dos bandos, distantes por muchos aspectos en aquel tiempo: umbral de 1960.

 

Un año cuando vine por vacaciones, una placa en su comienzo decía que La Palmilla ya no se llamaba así, ahora tenía nombre y apellidos pero que no eran ni Quintana, Velázquez, Ralera, Pancho Locero, ni La Meliana siquiera.

 

Otro año (recuerdo que fue por los días de Pascua) recalé y, la ensaladilla rusa ya había llegado a La Aldea; la ponían en todos los bares, con mayor o menor acierto, y coqueteaba con bastante soltura con la carne cochino, aventajaba a los calamares e iba a la par con la ropavieja de siempre.

Fue el año que se casó una guapa y feliz Corinita Galván con un enamorado Antoñito Bienvenido; todavía recuerdo los relámpagos de magnesio que los arcaicos flashes de fotógrafo hacían al explotar en la alegre noche del convite.

 

En otro año que volví, no sé en qué periodo, se inauguró el Estadio de Los Cascajos entre fincas de tomateros, eras de alfalfa, olor a cochineros cercanos y con las porterías de este a oeste.

Fue el año en el cual, el señor obispo de la Diócesis Canariensis  le puso de coadjutor  a don Juan Quintero un don Luis no deseado y, a aquél, se le hizo chico El Curato.

Ese año se hacían bailes por la noche en La Piscina y el lugar era centro de reunión, deporte y esparcimiento general; sobre todo en los vacíos e interminables domingos de por entonces.

Fue el año en que rebosó la presa (sólo había una), funcionó por primera vez el cine de abajo y, comenzó a languidecer pasito apasito nuestro entrañable Cinema X.

 

Fue la época de vivir en la calle Compás del barrio de san José, en Las Palmas G.C.; allí también, principalmente en la Barranquera Ancha, se hacían hogueras con: trastos viejos, cartones, maderas mal puestas y cubiertas de neumáticos (los más atrevidos las echaban a rodar ardiendo por la pendiente, calle abajo). Se asaban papas y, de relancia,  rebuscos de piñas compradas en la plaza del mercado o en alguna tienda cercana. Las fogaleras no olían, jedían a lo que estaban hechas y su tufo sofocante me transportaba a La Aldea dónde las piñitas tiernas, aromatizadas con las julagas del Tocomán, serían la delicia y refatiña de mis devotos sanjuaneros...

 

Rememoro aquellas jornadas y me veo con mis hermanas y vecinos participando del ritual, hasta aportamos garepas de la carpintería de mi padre que, también se vino de arrancá con nosotros.

La consigna era: integrarse en los usos, el  habla, las  costumbres y demás requilorios de la capital. Las fiestas populares nos brindaban buenas ocasiones para hacerlo y nosotros éramos, cuando menos: parejeros de lo más y, como familios, noveleros -en el buen sentido de ambas palabras-.

 

Está anocheciendo en el risco y dan fuego a la descomunal pira de La Loma. Es la señal, nosotros hacemos lo mismo con todo lo que pudimos juntar. Yo miro al cielo, recito mi jaculatoria preferida y espero a que se apacigüen las llamas demasiado altas y poderosas ahora. Lagrimillas  hay en mis ojos (las condenás pavesas) cuando salto siete veces seguidas desgranando peticiones y murmurando mi refrán:- ¡Qué se cumpla lo que pido sobre la hoguera de san Juan!

 

Al alba, mientras la ciudad aún duerme la mañana de fiesta, escudriño en la azotea con mis hermanas nuestras respectivas claras de huevo; la mía me habla como cabañuela del mes de julio y tiene contornos y formas de los riscos familiares. Aquí un Blanquizal, allá el valle que se escalona hasta un mar de baba transparente que, al cuajarse, forma un tumbo clavadito al Roque Colorao. Más arriba, una cueva grande como la del Mediodía; giro el vaso y aparece un Vigaroe sombreado y, mientras continúo girándolo, un San Clemente y hasta Furel logro vislumbrar...

 

Los perros ladran y se contestan de barranquera en barranquera. Todavía, de los rescoldos de la  gran pila quemada, emana un hilillo de humo que se eleva serpenteante como señal de buen augurio; con los ojos fechados, suspiro hondamente y me voy con él.

 

El Sol, que sale ya por Fuerteventura, me saluda con su incipiente sonrisa tibia, va a ser un día glorioso: este año las cabañuelas me sonríen. Sonrío yo mismo y, mientras miro para el barrio de San Cristóbal, me oigo decir gritando: "¡El mes que'ntra,  pa' La Aldea en coche de hora!". 

     

 

32 comentarios

Loly Verde -

Ay Amigo Enrique.
Cuantos recuerdos de infancia evocas en mi con este relato.Me viene a la mente tantas visperas de San Juan recogiendo todos los trastos posibles pedidos de casa en casa para hacer la pira mas grande.Reunirnos ante tremendo fuego era ya de por si mágico porque posibilitaba una reunencia de vecinos y familiares con un fin comun:Comer, bailar alrededor del fuego y hacer las peticiones que a cada cual le rumiaba.Por otro lado el sentir de que era noche de brujas al asecho de cambiarnos los calzones de sitio.
Mas tarde una vispera de San Juan hace veintnueve años no pude saltar la hoguera, sali a verlas en el barranco de la Ballena porque mis nueve mases de embarazo no me permitian mas florituras.Presentia en mi fuero interno que mi hija se preparaba para salir en una noche tan especial y no me equivocaba porque nació Juana.Mi abuela decia esta niña es un poco bruja y su madre mas,mira que nacer el día de San Juan.
Yo no se si tengo rejo de bruja pero me encanta la magia que desprede esa noche y el olor que se queda en en el ambiente durante varios días.
Besitos.
Loly Verde

Enrique -

Nuestros usos urbanitas y modernos, Jose, solo sirven para ir al corre corre de aquí para allá; debemos parar y reflexionar en la seria posibilidad, cambiando los ritmos, de recuperar tantas cosas, usos y gente que tenemos casi en el olvido.

Un abrazo grande desde la proximidad de esta distancia aldeana. Nos veremos por mi cumple, seguro.

Enrique -

La mágia, querida Luci, estaba y está en nuestras creencias más profundas, más atávicas, las que nos conectan con lo más críptico y esotérico del Universo.

Un beso con sabor a vacaciones deseadas para ti.

Jose G. G. -

Hace tanto tiempo ya que no participo en lo de las hogueras de San Juan que no me acordaba de todos los pasos que conducían a ellas.
Gracias por recordarme aquellos días no tan lejanos en el tiempo pero sí en nuestros usos "modernos".
Un abrazo caluroso y acorde con este mes de solajero. Pasa por el ciber q8ue nos estamos reuniendo por la terdecita.

Luci Delgado -

Un saludo afectuoso en estas vacaciones tan esperadas.
Las hogueras que se formaban en mi barrio eran emormes y podian contener hasta voladores y petardos dentro de latas viejas que al estallar se quedaban todas deformadas y abiertas.
La gozada de las hogueras nunca he sabido en donde estaba porque era solamente trabajo y trabajo para quemarse en unos minutos. La magia estaba en nuestras cabezas y en las tradiciones que nos transmitieron los mayores.
Besos y mucho descanso para ti.

Enrique -

De volver al pueblito y de intentar, querido Benjamín, empatar con lo que había dejado atrás.

Con el paso de los meses y de los años, las distancias se fueron agrandando; cuando volvía a La Aldea algo o alguien se había alejado un poco más y me costaba bastante ponerme al día.

Todo se ha ido acomodando a mi gusto y ahora paso más tiempo aquí que en la Rejonia capital y... los distanciamientos que se puedan ir creando con la gente de Las Palmas los voy paliando con frecuentes viajitos cortos.

Un abrazo GRANDÍSIMO para toda la tribu y uno entrañable para ti.

Benjamín -

¡De vacaciones!
Un aldeano en Las Palmas añorando su querida Aldea e invocando por san Juan a todos las fuerzas del universo para que lo retornen al pueblito. Muy bueno, me gustó lo que tiene de vivencias sentidas.
Um abrazo de toda la tribu y de la basca del cyber.

Enrique -

Querido Papito-Paco, encantado de saber de ti. Me imagino que las tradiciones colombianas del día de san Juan serán distintas o no existen allí, pero seguro que con tanta mezcla de razas habrá algún sustituto de prácticas y de rituales mágicos que llene ese posible vacío.

Yo, como casi siempre, intentando guayar lo más posible en esta vaina de vida que me ha tocado vivir.

Un abrazo, hermano.

Enrique -

Querida ahijada Virginia, recuerdo bastante bien esa noche sanjuanera en la que las cabañuelas nos fueron propicias en forma de un miembro más para aumentar la familia: Alessandra.

Esa noche "nacieron", además de una hija, otros elementos: una abuela novata, una madre feliz y un retío encantado con los acontecimientos.

Un beso aldeano GRANDE y fuerrrrrte.

Francisco Reyes Cabrera -

Me pongo en tu lugar cuando dices que ustedes se fueron "de arrancá para Las Palmas". Mi arrancada para América estuvo motivada por varios motivos y aunque lo decidí yo lo pasé fatal.
Deniño recuerdo las hogueras y el contacto con mis mayores que participaban con nosotros como niños grandes. Esos recuerdos son imborrables.
Un abrazo grande y sigue guayando a tu aire.

Virginia Correa García -

Todos mis recuerdode la noche de Sanjuán empezarón a grabarse en un disco nuevo en la noche del 2005...
Lo asumí más tarde como cuando ocurren las cosas rápidamente. Un obstetra avaro y egocéntrico se empeñó en hacerme un pequeño corte en el estómago para que mi pequeña Alessandra pudiera ver la luz del día un 18 que rima con ... por donde no iba a salir... así que una futura abuela y una futura madre que sí riman algunas veces decidieron que naciera en San Cristóbal como todos los bebes con sus más y sus menos dificultades y allí que nos fuimos Pepita y yo contentas ante la incertidumbre de lo que el destino pone de su parte: sufrimiento, alegría, llanto... y nació como una niña más la niña Alessandra la víspera de Sanjuán.
Una de tus ahijadas que te quire, Briginia.

Enrique -

Querida Olga, el recuerdo del pasado para valorar el presente e intentar programar el futuro, no es mala cosa; a mí me sirve hasta como retroalimentación.

Hoy en día que vamos como locos y con los minutos justos, parece que no sacamos tiempo para conservar TODAS nuestras tradiciones de entonces, nuestro legado cultural más doméstico y familiar.

Un beso con sabor a piñas de las hogueras de san Pedro para ti; memorias tantas para todos.

Olga -

Un saludo afectuoso cuando todavía se puede oler el humo de las hogueras.
Los recuerdos de hace años cuando todavía teniamos tiempo de dedicarle un rato a las tradiciones, me llegan ahora al releer tu escrito. Muy bonito como siempre y con ese toque de justa nostalgia que siempre les pones.
Un beso, Olga.

Enrique -

Querido amigo Siso Suárez:

Primero, hoy en día un libro tiene muchos formatos y bastantes soportes, el que se está gestando con mis relatillos va tomando forma en este medio, en esta bitácora y con la amabilidad paciente de Marcial.

Segundo, yo siempre he sido defensor de las "causas casi perdidas" y por eso tenía, cuando era un familio, un gran interés en las hogueras de san Pedro; la jarquilla mía de Los Llanos se apagaba un pisquito (como la fogalera del 23 noche) a la hora de formar la segunda parva después de la sanjuanera. Desde aquí (y desde entonces) reclamo igual tratamiento para los dos eventos, he dicho.

Tercero, no creo que vaya a perder la mañas con tanto apoyo, estimulación y buenos consejos de mi grupito de lectores amigos; gracias a ti las mañas no perderé.

Enrique -

Querido Juani, épocas bonitas aquellas en las que la figura del maestro era respetada por el alumnado y por las familias. Podíamos hacer actividades extraescolares a horas no lectivas gracias a la cooperación de todos y al entusiasmo que generaba en nosotros la comunidad educativa.

Hoy en día tendrían que ir a la hoguera tantos comportamientos...

Todavía recuerdo lo de las hogueras de san Antonio ya que en toda esa zona norte y parte del sur son tan usuales como las sanjuaneras, no así las de san Pedro.

Un abrazo fuerrrrte y GRANDE.

Francisco Suárez Moreno -

Enrique:
Primero: Nos rendimos esta vez aún más ante tus narraciones. Esta vez, al contextualizar, el tema, dando perspectiva histórica, lo has bordado. No es con ningún ánimo de alabanzas de los kilos ni de los 99 ni de las telas baratas. Me estoy imaginando un libro tuyo, te lo he dicho una y ciento una mil veces, con todo estos relatos.
Segundo. Las hogueras de San Juan. Qué magia y encantos de niños. Arriba hablaba algo nuestro común amigo Pepito el de María Vega. Con él, hermanas y toda la chiquillería de la zona, semanas antes nos recorríamos desde el Barranquillo de Las Panchas hasta la Cueva de Marcelino en la Montañeta del Albercón buscano hulagas y demás yerbajos secos, para la deseada hoguera. ¡Y los voladores! Los comprábamos pero era Manolito Santana, el más viejo del barrio quien como un niño más nos los tiraba. Así... grandes y pequeños en torno a la hoguera de San Juan nos divertíamos en torno a su fuego, olores y sonidos de la dilatación, sensaciones que no se olvidan jamás.
Tercero. Gracias y no pierdas la maña...
Siso

Juani Ramírez Caballero -

Me traes recuerdos con tu relato, Enrique. Un año organizaste una hoguera, pero de san Antonio que por aquí también se usa hacerlas. Aprovechamos para quemar las vasijitas de barro y las pintaderas que habíamos hecho en trabajos manuales. La cara de los niños era todo un poema cuando al día siguiente escarbando entre las cenizas recuperamos nuestras obras de arte.
Yo también fui un desplazado por razones de trabajo (me despalazó un propietario definitivo) y comprendo tus sentimientos al tenerte que marchar de tu querida Aldea a la que tanto quieres, tanto nombras y tanto nos la metes por los ojos con tu entusiasmo.
Un saludo cariñoso de todos y un abrazo.

Enrique -

Pepito Valencia, ya lo hemos hablado otras veces, estos cortos relatos no pueden abarcar todo lo que se podría poner en ellos, son sólo una muestra hilada convenientemente y con el afán de agradar. Sirven, sobre todo, para destapar el baúl de los recuerdos de cada cual, completando y complementando así la historia temática de cada trabajillo.

Gracias por tus comentarios, un abrazo.

Pepe Valencia -

Con tus comentarios, Enrique, enciendes grandes llamaradas de recuerdos bellísimos y las dejas de nuevo grabadas en nuestras seseras a fuego intenso lleno de calor sentimental, mayor incluso que el calor que desprenden las hogueras en la noche mágica de san Juan.

Enrique -

Querida Fabiola, las hogueras sanjuaneras de la Barranquera Ancha y sus alrededores también tenían su magia, su cosa; te aquellaban un poquito el corazón en el recuerdo de las otras aldeanas y en el presagio de un acontecimiento próximo: dentro de una semana... pa´La Aldea.

Hace pocas semanas estuve en el barrio de San José deambulando por las calles nuevas. Está todo cambiado y en el terraplén donde hacíamos la hoguera hay ahora una carretera que viene desde la Barranquera de Allá y un aparcamiento bastante amplio.

Un beso GRANDE.

Enrique -

Querida Mary Luz, las fogaleras que formábamos en el Llano E´lcura, me acuerdo bien, duraban hasta las tantas porque, además de ser grandes y con bastante material combustible, tenían que "contentar" a todo el mundo a la hora de asar las piñas que cada cual tenía destinadas, nadie se iba sin su piñita "asá", aunque algunos perdieran (por despiste o error) las primeras que echaban a las brasas. Hay que hacer notar que el fuerte calor te obligaba a retirarte unos metros de la hoguera y así, por desatender tu propiedad, perdías de vista tu querido condumio que, más tarde, podías o... no podías localizar.

Prima, un beso sanjuanero grande con sabor a piñas asadas.

Más, Josefa, en su afán de mimarnos convenientemente y a fondo, nos llevaba a pie de hoguera hasta la salmuera preparada para aderezar aquel millo chamorrisquiao que con tanto gusto devorábamos.

FABIOLA GARCIA VALENCIA -

A MI LAS NOCHES DE SAN JUAN ME SABEN A PAPAS ASADAS Y A PIÑAS DE GRANO GORDO Y DURO PERO QUE BUENAS ! .MIS RECUERDOS MAS QUE DE LA ALDEA , SON DEL BARRIO DE SAN JOSE.LA VERDAD ES QUE YA ESTABAMOS CONTANDO LOS DIAS PARA IRNOS PARA LA ALDEA

Mary Luz -

¡Me llevaste nuevamente al pasado!
Me siento dentro de ese grupo de personas que pudieron disfrutar de esas hogueras en El Llano E´lcura. ¡Qué noches ¡.Tu nos enseñaste a preparar las piñas. Todo el santo día alrededor tuyo incordiándote para que nos enseñaras. ¡Y bien que nos adiestraste!; el problema era que después de estar esperando “un siglo” para sacarla de la hoguera, era que tu y Rafael Camejo se las habían comido y nos ponían en la “verguilla” el carozo. ¡Y vuelta a empezar!. Josefa nos daba una de las que ella ,”por casualidad”, había preparado de antemano.
¡Aquel dolor de barriga por el agua fría!, ¡Siempre lo mismo!.
¡Qué noches!. ¡Gracias por esas piñas que nos preparabas y que nunca te agradecimos!

Enrique -

Definitivamente, querido Pepe Saavedra, la Amistad es una de las cosas que nunca nadie, en su sano jucio, destinaría a quemar en la hoguera de San Juan; a ella irían destinados otros trastos (casi incombustibles) como la envidia, la falsedad, la deslealtad... y seguro que la fogalera duraba encendida hasta el Corpus (por aquello de San Juan a...).

Hay sentimientos que se vuelven indelebles una vez experimentados, el de la AMISTAD es uno de ellos; sólo los que van por la vida con los valores cambiados, desechan ese sentir en favor de sucedáneos más acordes a las prisas de la vida actual.

A la hoguera pues todo aquello que empobrece, limita y desbarata las relaciones humanas.

Agradecido de nuevo por tus comentarios, gracias amigo.

Enrique -

Querida Teresitamelia, no sabía nada de esas tradiciones sanjuaneras del Brasil, son muy interesantes y diferentes del concepto mágico religioso de las de aquí. Coinciden en el caracter festivo agrícola que siempre las ha acompañado, antaño de tipo pagano y más tarde sincretizadas por la Iglesia Católica pasaron a santificarse y... les tocó ser patronizadas por San Juan.

Vivan los juanes, juanas y los sanjuaneros de cualquier país y de cualquier tradición.
Besos, saludos y salud.

José Saavedra Molina. -

Pues sí, MI QUERIDO AMIGO ENRIQUE. Otra vez vuelves a tener toda la razón. Hay que seguir siendo fieles a todo lo que, en nuestra dilatada vida, haya contribuido a hacernos crecer y madurar como personas. La AMISTAD, por supuesto, como bien dices, es una de ellas. No quiero mencionar en este medio las decenas de años que hace que nos conocemos y de cuyo encuentro ha surgido nuestra amistad. El recordarlos podría hacer que los que lean ésto crean que añoro tiempos pretéritos. No siempre cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero sí que recuerdo aquellos días en que estudiábamos Magisterio. Tiempos en los que, con el equivalente a los 60 céntimos de hoy, es decir, 100 pesetas, a la semana, teníamos para ir casi todas las tardes a la Madrileña a tomarnos un chocolate con churros o comernos un bocata frente a la Escuela de Magisterio. Con qué poco nos conformábamos. qué bien lo pasábamos yendo a la Biblioteca, u organizando las actividades para el viaje de fin de curso, los bailes, etc. etc. Luego, como creo que recordé una vez en este medio, vino nuestra período de instrucción en Hoya Fría, Tenerife, como reclutas del ejército; aquellas tardes en la cantina compartiendo un pollo asado y una cerveza, etc.
Pero yo no me quedo sólo con ese pasado. Tengo en mi memoria infinidad de hermosos recuerdos. Algunos de ellos junto a nuestras respectivas familias como fue aquel día disfrutado en el Zumacal de Valleseco. También están los soleados y plácidos días que hemos estado disfrutando de los bellos rincones de tu querida Aldea, por las inmediaciones del bufadero, etc. Y, últimamente, tu visita del otro día en que ambos disfrutamos de nuestra amistad. MUCHÍSIMAS GRACIAS, ENRIQUE, POR SER COMO ERES.

teresita Amelia -

Hoi he saboreado,atravez de tu escrito como se vivia la noche de S.Juan aqui en Canarias ,en esos año mis noches sanjuaneras eran completamente distintas.En Brasil que era donde vivia en ese entonces ,las fiestas juninas duraban todo el mes de junio.En el colegio ensallabamos la cuadrilla, bailes de varios movimientos con musicas juninas tradicionales y movimientos sincronisados ,el profesor marcaba con suvoz (anavantur,roda grande etc...)modificando los pasos.Luego todos los alunnos padres,amigos participabam en los bentorrillos que se montabam para la ocacion,y vendian batatas y ñames sancochados y se le echaba miel encima,tambiem llevaban varias comidas tipicas de S.Juan,y todos tenian que ir ataviados de Caipira,o sea como la gente del interior (campo)teniamos que poner remiendos en los pantalones,blusas estampadas,trensas y sombreros de pajas,pintarse la cara con colores(un poco exagerados yrallas en los ojos)y los chicos pintarse el bigote y las pistoleras con carbon.
Asi en cada colegio,barrio,o fiestas juninas de una o otra calle,eran mui divertidas.Ah tambien la costumbre era echar balones con mechas,al cielo y durante el mes de jonio el cielo estaba mas iluminado con tantos balones de S.Juan.
Vivan las tradiciones de cada lugar,todas tienen su encanto,y hoy las hemos recordado.Viva S Juan,los Juanes y Juanas.Un beso y continùa recordando tantas cosas bonitas.TERE.

Enrique -

¡Ay, Pepe Saavedra! La de mañas y cosas que se han ido perdiendo en nuestro entorno (algunos se han hecho hasta mayores). Lo que nunca voy a poder perder, por más que los tiempos actuales lo intenten, es la de ser fiel a los ASPECTOS de nuestra vida que deben ser conservados por su valía en nuestro enriquecimiento personal; la AMISTAD es uno de ellos, el recuerdo del pasado (todo en nuestra existencia es un gran prtérito) y su uso como apredizaje y recreo, es otro de esos aspectos, de los muchos que hay, que quiero conservar.

"Apañar" piñas en las fincas colindantes, e incluso dentro de la misma hoguera, era uno de los alicientes de esa noche sanjuanera.

Un abrazo GRANDE desde La Aldea.

Enrique -

Querida María Luisa, con el sortilegio de las papas (algunas llenas de pelusilla bajocamera) se solían hacer trampas en un intento vano de engañar a la Suerte, algunos palpaban ligeramente la cáscara del citado tubérculo para tener algo de ventaja en la predicción; crédulos sí, pero no tontos.

Me alegra muchísimo que mis relatos de aficionado sirvan para entretenerte un poco y para destapar el baúl de tus recuerdos agradables.

Memorias tantas para todos y... las mañas y tu gentileza nunca pierdas. Besos.

José Saavedra Molina. -

Mi queridísimo amigo Enrique:
No sé cómo expresarte, de nuevo, mi admiración y gratitud por tus hermosos escritos. No quiero repetirme y, como ya sabrás, yo no tengo ese magnífico don que tú posees. Eres un genio por cómo sabes traer a la memoria de todos los que tenemos la suerte de leerte, esos magníficos recuerdos de nuestra infancia o adolescencia.
Yo también me afanaba junto a mis primos y a los escasos vecinos que teníamos, en recopilar y apilar los más variados trastos susceptibles de ser quemados. La única diferencia es que no poníamos en práctica conjuros ni sortilegios como los que mencionas. Nosotros sólo nos limitábamos a preparar unas ristras de papas para asar ensartadas un unos alambres o "verguillas" como le llamábamos. Lo mismo hacíamos con las piñas de millo recién cogidas tanto de las tierras de mis padres o de mis primos, como de las "apañadas" de alguna otra finca a las que tuviéramos acceso. ¡Cómo me has hecho traer a la memoria aquellos olores!. Muchísimas gracias por ser como eres. Y, como siempre te digo: NUNCA LAS MAÑAS PIERDAS. Un abrazo.

Mª Luisa Quintana Hdez -

Hola amigo Enrique, tú como siempre nos haces recordar historias de nuestra infancia y juventud.Los vecinos de la placeta entre los cuales me incluyo le robábamos a los de la plaza los trastos que iban amontonando para hacer la hoguera mas grande.La venganza posterior era terrible ya que luego ellos nos hacían lo mismo.Mi madre me cuenta que las jóvenes casaderas de aquella época ponían debajo de las camas tres papas, una pelada, otra a medio pelar y la otra sin pelar y varios papeles con los nombres de los chicos que a ellas les gustaban.Por la mañana y todavía sin levantarse cogían de debajo de la cama una papa y yn papel.Si la papa estaba sin pelar se casarían con un hombre de dinero, si era la que estaba a medio pelarse casarían con un hombre cuya economía no era muy boyante que digamos y si la papa estaba sin pelar era que no tenía ni un duro en el bosillo y en cuanto al papel se casaría con una persona que se llamara con ese nombre.Parece que estoy oliendo desde aquí las piñas asadas , el humo de las hogueras y los cantos hasta las 12 de la noche o más.Recuerdo los cuentos de brujas que contaba Don Pepe Mª.Gracias por aparecer de vez en cuando por esta ventanita mágica que es mi PC.Muchos besos para tí, tu querida madre y toda tu familia.¡Ahhhhh! y que nunca la maña pierdas porque nos hace mucha falta los escritos en esta página tan bonita.

Enrique García Valencia -

Había dos lugares que usábamos para hacer la hoguera de San Juan. Uno era El Campillo, en el barranco Tocomán y el otro el Llano del Cura (ahora allí se erige el Instituto).

Uno de los recuerdos que más hondo ha quedado grabado en mi encéfalo (al canto abajo, donde lo imborrable tiene su lugar) es el final escalonado de la hoguera, el apagado de la euforia primera, la refatiña de los productos asados, el tufo a humo en nuestras ropas y la vuelta a casa repletos cansancio satisfactorio.

Ésa es una imagen de mi memoria, seguro que tú tendrás otras muy parecidas y complementarias.

Un saludo, salud y memorias tantas.