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ARTEVIRGO, desde La Aldea, miradas y voces

MARÍA LA DEL PARRAL. Nuevas andanzas y jechuras de una vieja conocida

MARÍA LA DEL PARRAL. Nuevas andanzas y jechuras de una vieja conocida

Es veinticuatro de diciembre y, en día tan señalado, cruzó el Tocomán que corría María la del Parral.  Iba  ca’ de Achón y José el de  Benina, los  que ahora le dan fiao, a comprar unos cachillos para untarle el bezo a los suyos y poder pasar la fiestas  como cualquier cristiano.  Cruzó la pasadera, con cuidado, saltándola  de bola en bola allá por El Estanco. Se agarraba la barriga por mor de unos jilorios que traía enroñados, también por los  nueve meses casi cumplidos de su embarazo y, sobre  todo, por  los jalíos que en el vientre le venían tirando por  el canto abajo. Apoyaba  un cereto vacío en su cuadril; en la cabeza llevaba la urgente necesidad  de estibarlo, un  pañuelo nuevo y la idea de su mala suerte o, que un maloficio le habían echado:  ni  un mísero real que gastar, las dos cabras que no parían, los tomateros esmirriados, drogas en media Aldea y ni las gallinas le querían poner: tenían el culo amulao

 

Se encontró con las de Antoñito Ramona y se quedó alegando un rato; acechaba la  esquinilla de Fotingo de vez en cuando, le tenía media droga hecha al señor Matías  entre pan redondo, cumplío y bizcochado. A escotero, siguió mi María  andando sin dejar de pensar en el mal año que  estaba  pasando. Saludó  por el camino a Lengo  y a Nito, uno de Los Gemelos, que rejertiaba (no supo bien de qué) con una jetúa e inefable Amparo.  El Callejón lo cogió a puño evitando mirar los lagartos.  Paró un pisco en la casa de la partera para que le echara un ojo al balayo.  Anduvo un poco  más y se botó en los quiciales de Juana la de mana Estebana, ahora para darle a su bombo un descanso. Sería el sexto familio, después de tanta  agua de perejil, de tanta friega y de tanto vaho. Estaba segura, lo suyo no era por buena mano...

 

Como tenía el barrenillo y el reconcomo supersticioso, dejó la tienda para más tarde y se fue en  un volío al Molino Viento cruzando surtita Los Llanos.  Los mil rezaos le dijo Eugenita, le hizo con pilfos viejos un hinsopo contra el mal de ojo, le dio un gajillo de ruda florecida y  una lista de santos que los males quitan por ser sus mejores abogados: san Lázaro contra quemaduras, san Benito que  sana el mal de orina , santo Domingo Savio patrón de parturientas, san Fermín la  hidropesía, san Rufo de los afligidos, san Manuel que quita el mal del costado...y  doce  más que escribió al corre-corre  en  papel bazo. Al salir (nada convencida) se encontró con Pancho Malena que parecía estarla esperando.  Le traía, de parte de su mujer -que la había visto llegar- , unas papillas nuevas recién escarbadas, batatas de yema güevo y, un cabillo de ajos del país que se lo tenía ofrecío desde  que  estuvieron ca’ de Pilarito Franco descamisando.

 

Con su ceretillo medio lleno se encaminó, contenta como unas pascuas, por el camino del Tanque de los Majanos a comprar lo que le faltaba para matar la gazuza  que los hechizos de la curandera no le habían quitado. Le apuntaron el fiado hasta que Panchito  Ramírez, a cuenta de la zafra, le anticipara un algo. Como ella quería darse  un antojo, que desde  agosto arrastraba, pidió con anhelo de embarazada unos trozos masusitos  de un buen cherne  salado: un burro grande, más mulo que otra cosa, los pobres tenderos le acabaron  pesando en la inestable balanza. Con la ventrecha, la mitad de la cabeza y parte de la cola haría  un  buen reparto, Mariquita Guía, su comadrona, también saldría ganando.

 

Coronaron la compra: una botella de vino jerezquina y de turrón de barra unos truscos  más bien medianos.  La brindaron con una copita de anís  los hombres que,  al fondo del mostrador, se estaban mojando el pico y enyescando.  Uno de ellos, Luis, el yerno de su coma Pepa,  fue el que le dijo que en los Betancores estaban   ya casi listos  los  adelantos.  Bebió, hizo las  correspondientes regañizas al licor, dio las gracias, cogió la carga,  salió a la calle, dobló  la esquina del comercio y, en un singuío, se puso en el barranco.  Para atravesarlo, se hizo con  el delantal un rodete para calzar mejor el inesperado aguinaldo. Peonó por la pasadera pisando con mucho cuidado y, a la mitad del vado... (sin ton ni son) le da a la mujer una risa floja seguida de un arrebato. En lo que Barrabás  se restriega un ojo, sacó y bandió al agua que bajaba: el hisopo contra el mal hecho, la apestosa ruda y la lista que tenía  en el papel bazo.  Pudo ser que, al estar  gandía, el anisao  la hubiera  desarretado; ella no sabía,  pero... lo que se dice ahora, veía que de repente todo iba requetebién, que sus agonías y preocupaciones no eran para tanto.

 

¡No le hacían falta sortilegios, ni atadillos, ni yerbas, ni listas de lejanos y desconocidos beatos!  Ella  confiaba más  en los que hoy mismo  habían sido sus protectores y sus verdaderos santos: santa Achón, san José Benina, la buena de Sampedrito y su marido san Pancho.

 

No había  zafado de cruzar el  barranco cuando  pegó  a llover del Hoyo pa’bajo, lluvia granadita de la que no hace daño. Una buena rociá para los pendejos de tomateros que no le quieren medrar ni por Dios ni por su poderosa mano. Para no enchumbarse eslapó a correr  y, entre resuellos  y risitas nerviosas,  pensó en el rico "santoral" que para mañana ya tenía muy bien cifrado: sancocho, santurrón de Alicante, san Clemente (quinado), santas Pascuas aleluya y... sanseacabó amén, ya  vería (lo vislumbraba) a qué beatitudes patronales se iba a engrampar en los siguientes meses del próximo año. FIN

 

 

Colofón. Por mor de las carreras y del sangoloteo (otro santo) se puso nuestra amiga  de función alumbratoria un poco después de las cuatro; y dio a luz pariendo el fruto de su vientre Jesús en la  forma de una niña preciosa, Daniela la llamaron.  Llovía a chuzos y asustaban a los pobres cristianos los cientos de truenos y los tantos  miles de relámpagos. La lánguida y rotunda cascada de Las Güesas y el impetuoso caidero del Raborratón, eternos enamorados separados durante todo el año, se desgajaban saltando ruidosos montaña abajo y besándose en Chaparra estaban, al juntar sus aguas en fraternal y apretado abrazo, sus respectivos barrancos.

 

La recién nacida -ajena a todo eso en su belén particular- mamaba tranquila arrullada por la maría-Dácil de turno que, entre suspiro y suspiro, la mecía suavemente en su protector regazo mientras que su josé-Santiago pugnaba, sin conseguirlo, poner remedio a las goteras que, desde el flinfle techo construido con torta de paja y barro, caían monótonamente en la palangana, en el lebrillo, en el balde de ordeñar, en la bacinilla grande de pisa y en las latas con bico que usaron en los primeros meses de zafra para regar "a cacharro".

 

Enrique García Valencia, niñojesús allá por el año 1949 de nuestro Señor.

 

 

Imagen tomada del usuario rodchile de flickr.com:  http://www.flickr.com/photos/rodchile/374953182/

 

32 comentarios

Daniela Díaz Cabrera -

Nací efectivamente, tras un parto normal, el ocho de enero (día de san Paciente y de san Apolinar), pesé tres kilos y pico altos, quedé pegada de la teta de mi madre (mi otra parte del parto) desde el primer momento en que me dejaron la boca libre, no soy llorona y me parezco a mi padre (clásico, pero de verdad).

Mi papá -la otra parte de la otra parte- no dejaba de sacar fotos y de poner caras graciosas que abarcaban toda la gama de los progenitores primerizos, las cuales iban desde la más recia incredulidad hasta los umbrales de la más ramplona ñoñería de lágrima incipiente: yo, a lo mío, ¡a mamar!

Un saludo para todo el Mundo desde el regazo de Dácil, mi sabrosa mamá.

Enrique García del Parral -

¡Ay,Pepito! Los hijos, hoy en día, son buscados y llegan colmando las ilusiones de sus padres. Los retoños que le iban llegando a María aparecían de sorpresa, sin muchos deseos por parte de la pareja de alimentar otra boca más; esto suena algo fuerte pero... al no haber (en aquellos tiempos)anticonceptivos al alcance de todos/as, las inesperadas visitas de la cigüeña desbarataban muchos planes e inquietaban a los pobres cristianos sin muchos recursos.

Un abrazo fuerte para los dos, antes del bautizo nos veremos (seguro), salud.

José Barrameda -

Leemos todo lo que va saliendo de ti. La cosas de Maria la del Parral están muy bien con un final muy bonito. Por aquí tambien hay una embarazada que tendrá un juan, un pedro o un Aday como ella quiere para finales de junio.
Un abrazo y que el año nuevo te dejes ver a menudo por la torre.

Enrique García del Parral -

Juan Antonio, hay un escrito del año 2001 (creo) titulado "La tienda de Purita" que habla del chute de emociones que una niña - mi hermana Digna- experimenta por los días cercanos a la Navidad al entrar en la tienda de ustedes.
Tu hermana Marisita tiene copia remitida por mí, se la puedes pedir si te apetece leer algo más de este escribano diletante y empedernido.
Si has leído los comentarios a "María la del Parral" sabrás de la droga (pagada) que tu madre le permitió a aquella andarina de tiendas y colmados.
Un abrazo.

Juan Antonio -

Hola, Enrique.

Es una gran alegría recordar a la gente de nuestro pueblo y sus cuitas por salir p´alante.
Es emocionante recorrer con la imaginación los lugares, las tiendas, y las personas que mencionas, que ya eran mayores cuando nosotros éramos unos chiquillos.

Un abrazo.

Juan Antonio

Enrique García del Parral -

Hay que tener cuidado con la palabra "dichosa" porque tiene significados contrarios. María la del Parral solía exclamar:
-¡En esta dichosa Navidad no vamos a poder comer ni un mísero bocado de turrón!

Yo te deseo a ti y a todos lo tuyos un Año Nuevo lleno de dicha y de satisfacciones.

Juan ignacio -

Querido y apreciado compañero.GRACIAS. Gracias Enrique por recordarme mi niñez.Me viene a la memoria muchos recuerdos de esas madres trabajadoras por sacar a su familia adelante. Con mis mejores deseos de paz,salud y felicidad, en el amor de los tuyos, te deseo lo propio de estas fiestas: Una dichosa PASCUA Y UN AÑO VENTUROSO.
Saludos, Juan Ignacio

Enrique Tío del Parral -

Virginia, conocía a santa Tecla (23 de septiembre), pero a san Blaster no; debe ser que todavía es sólo un beato en puertas de la canonización, aunque muchos tecleadores (seguro) ya lo tienen entronizado.

Daniela llegará, como llegó Alessandra, con un gran pan de alegría bajo el brazo para disfrute y dicha de toda su familia.
Besos cibernéticos para ti.

Enrique García del Parral -

Digna, recuerda que nuestra María del Parral personal y común, rizaba el rizo con un "quéledijo" que hacía suyo: ¿Qué le dijo un quéledijo a otra quéledijo?
Solución: Cuando nos casemos tendremos muchos quéledijitos.
Respuesta normal para aquella época sin planificación familiar y con pluses por familia numerosa de primera, de segunda y de tercera.
A Isidrito Sosa, a Pepito Hassán y a Juan Francisco les solía hacer cuenta la del Parral de mi cuento.
Besos muchos.

Virginia Correa García -

La verdad es que ahora se notan menos las virguerías que hay que hacer para salir adelante ya que siempre te queda la paga de 413 euros (terminado en trece para espantar malos augurios) que te da el icfem por mantener un menor. Pero si ahora hay que hacer juegos de magia, me imagino antes... y sin epidural...
Como siempre tus relatos trasmiten valores de tradición, esperanza y respeto a los mayores.
Solamente espero que esta cybermanera de trasmición siga por muchos años. Así que pido a Santa Tecla protectora de los ordenadores junto a San Blaster Bendito patroón de los blogs para que la niña Daniela llegue cuando quiera llegar envuelta en la mayor de nuestras alegrías.

Digna Belen García Valencia -

Querido Enrique, yo creo que todos los de aquella época hemos tenio una Maria la del Parral en nuestras casas. Aunque yo no recuerdo los fiaos en comestibles porque si los habian se quedaban en casa, dada la proximidad de la tienda de nuestro tio Tomás. Pero si recuerdo las compras en casa de Isidrito Sosa, que nuestra Maria la del Parral liquidaba cuando a su vez los Betancores o Padrino Tito (como le decíamos todos), liquidaba a Papáal finalizar las zafras. Y también de la tienda de José el de Benina, aparte del olor (porque tengo que decir que cada tienda ded comestibles tenía su olor característico, ninguna olía igual), mis recuerdos mejores son para unos caramelos oscuros que en el papel tenían un acertijo y que nosotros les deciamos caramelos ¿que le dijo?.

Enrique García del Parral -

Luci, y el delantal con peto cubriendo la delantera, y la forma empertigada de caminar en los quejaceres del hogar, y unas chanclas para los pies hinchados, y el sagalejo asomando por debajo del traje, y una mano en el cuadril mientras revolvía la comida, y el familio más chico con una perreta escarranchado en la inexistente cintura, y el "cállense que está papá durmiendo"...

Memorias, besos, salud y suerte.

Luci Delgado -

Muy bonitas las andanzas y jechuras de esa María retrato de tantas otras que acababan consiguiendo lo que necesitaban a base de insistencia. Los trabajos de una embarazada y madre posterior en aquellos tiempos sin ningún control sanitario son casi una epopeya.
Yo tengo una imagen de las embarazadas (mi madre) que no se si los demás recuerdan. La barriga de ocho meses y los trajes de siempre, flojos en la cremallera de la cintura, largos por detras y cortos por delante, enseñando las rodillas blancas y el final de las medias con ligas caseras, de películas de Almodovar.
Muchos recuerdos, besos.

Enrique García del Parral -

Olga, tienes mucha razón, el sutil matriarcado que nos tuteló y enderezó bastantes entuertos del hogar (además de parir o de cooperar en la crianza de tanto familio sin planificación familiar)se merece un monumento.

Tú sabes lo santero que puedo llegar a ser yo; me va todo el abanico onomástico, desde sanguango hasta sanaca.

Besos mil.

Enrique García del Parral -

Mi perdición y el destino de las medias pesetas que alcanzaba por algún mandado (llevarle a Mariquita Guía, de parte de coma Pepa Briginia, algunos trozos de pecado salado, por ejemplo) eran los caramelos Tirma de nata o los Grosso con coco que, además de deliciosos, traían los famosos "qué le dijo" en su envoltorio blanquiazul.
Hermana, muchas marías nos tocó conocer en aquella Aldea de nuestra feliz niñez; en cada casa había, al menos, una del Parral geitosa, geniosa y decidida que aquellaba todas sus traquinas sin apenas quejarse.

Besos, muchísimos.

Pepita García Valencia -

Yo recuerdo aquellas navidades en la Aldea cuando éramos pequeños y rodeados de todas las Marías del Parral de nuestra casa llámense Carmen, Josefa, abuelita, mamá ect... Aquel baifo frito en aquellos teniques donde ellas hacían muchas veces la comida con leña y que nos sabía a gloria . Y que me dices de las pesetillas y las medias pesetillas que nos dejaba abuelita Pepa para reyes , que yo no tardaba nada en gastar en casa de José Benigna , lo que me extraña es que ustedes den tantos detalles de la pesa y yo no me acuerde de nada , también es verdad que yo sólo tenía ojos para aquel expositor de golosinas , aquella cuadrícula de botes de cristal con tapas plateadas que a mí me parecía lo más bonito del mundo. En uno de ellos había unos boliches rosado fuerte con sabor a anís que eran mi perdición.
Gracias por el guiño a la niña de este año Daniela , mi nieta , tu sobrina nieta .
Pepita , la hermana de Enrique el del parral.

Pancho Primo -

La zona de cruce de María la del Parral por el Tocomán era, lógicamente, a la altura del Estanco.
Mi zona de acción era algo más arriba, hacia donde el Tocodomán formaba una gran explanada entre El Pinillo y Los Llanos con el Fuerte de Villanueva dividiéndola.
No quiere decir esto que me limitara a jugar en esta parte de la ribera: Rafael Camejo, Oscarito Valencia, el ínclito Vicente el del Barranquillo Santo, Antonio Molina, Pito el de Sanita, Suso el de María la del Parral y mil más patrullábamos todo el cauce, desde cerca de La Cardonera hasta Chaparra. Nuestras diversiones: hacer riñas y guirreas con pandillas rivales, jugar con la pelota de trapo en el Campillo, escenificar la película del domingo anterior, cazar lagartos, bañarnos en los charcos...

A veces, entre el rebullicio del juego, oíamos los esperríos de María llamando a Jesús, y lo veíamos a él enfilando hacia el Parral sin despedirse; era llegar pronto y a la carrera o recibir moquenque del bueno.

María cruzaba también por la zona baja del Pinillo (nosotros la veíamos) escondiéndose de su tendero Augusto si iba a comprar de tapadillo ca' de Rafael, el hermano de Naso; esas veces no daba esperríos ni llamaba a su hijo, iba surtita, con el pañuelo bien amarrado y haciendo bico por debajo de la frente.

Benjamín -

La balanza de la tienda que habia cerca de mi casa era blanca y de la marca Dina en letras grandes en el cristal.
Estaba sobre el mostrador pero protegida por una cerca de barillas de hierro, tenía ruedillas en las patas para nivelarla y un burbuja que era el nivel. Las marias del parral que compraban fiado llevaban una libretilla donde el tendero les apuntaba la cuenta, él tenía su libreta pero era mas grande gorda y con las hojas muy gastadas.
Nos vemos, un abrazo.

Pancho el Chico -

Entrando vengo ahora mismito de La Aldea; apenas bajar del barco ya oi tu recado y me vine ligerito a leer las andanzas de María. Que si por tiempo de agua con truenos y relámpagos fuera, bien pudo haber parido otro familio la pasada Nochebuena, si no es que está ya "seca". Y es que por un momento me vi al corre corre, como antaño, juntando rejos de todo tipo, plásticos y algún saco de arena con que atacuñar puertas y rendijas antes de que el Barranco Tocomán viniera calle abajo como lo que era. Hombre ... no es que fuera exactamente igual que el Nilo o el Ganges, pero algo de ese espíritu tenían sus crecidas; al menos en lo que a cierta riqueza generada con posterioridad se refiere. Por lo pronto bien que se convertía en parque temático para todo el chiquillaje aledaño, desde el Fuerte Villanueva hasta El Parral y Castañeta, que no parábamos de disfrutarlo mientras le quedara un charco.
Atrás vendrían luego María la del Parral y otras muchas marías de otros tantos lugares, con una amenazante (solo eso) caña verde en la mano, en busca de sus consumíos muchachos antes que anocheciera.
Gracias de nuevo, Enrique, por compartirlo con nosotros. Y muchas felicidades.

Olga Vega -

La María de tu cuento de Navidad se me parece a otras Marías más próximas, todas ellas tienen en común el espititu de supervivencia y la fuerza que las empujaba a superar todo lo que se les pusiera por delante. Se agarraban a todos los santos con tal de sacar su casa adelante.
De tods los santos SANGOLOTEO es el que más me hizo gracia. De San Clemente jeresquina ya ni me acordaba.
Como siempre paso momentos de verdadera ilusión cuando comienzo a leer un escrito tuyo. Gracias, besos y felicidades.

Enrique García del Parral -

¿Te acuerdas, Benjamín, de las balanzas que había en las tiendas? Dos espacios basculantes, uno en forma de pala para poder contener la carga y el otro, plano para añadir contrapeso; en el centro una especie de abanico acristalado por donde la aguja avanzaba marcando los justos gramos con la pericia del tendero que, palilla en mano, añadía o quitaba parte del producto pesado.
La de José el de Benina y su mujer Achón era de un verde galvanizado muy atrayente; allí le pesaron a María el pescado salado de su tardío antojo (ella les exigió que quitaran la demasía de sal que el burro llevaba en su interior).
Nos veremos pronto, memorias y besos para tu jarquilla.

Benjamín -

Como siempre, nos metes en tus historias, nos haces vivirlas y nos recreas con cosas que ya teniamos casi olvidadas. Felicidades de toda la familia. Nos veremos el año que viene para ponernos al día.
Un abrazo.

Marifé de Erratas y del Parral -

Aunque es verdad que tengo la jarquilla de tragones que "Dios ha querido darme", debo añadir, Enrique querido, que tanto mi esposo como yo misma hemos puesto bastante de nuestra parte a la hora de aumentar la población de hecho y de derecho de este terruño nuestro que es La Aldea.

Cuando los primeros míos empezaron atrabajar, uno en la ferretería del alcalde Pepito Rodríguez, en Lomito Blanco, y la otra en el almacén de empaquetado de tomates de mister "Lico", acabé de pagar todos mis atrasos y drogas; eso, por favor, que quede claro.

Besos y memorias tantas de una vieja amiga.

Enrique García del Parral -

María la del Parral le llegó a hacer una pequeña droga (acabó pagándosela con la zafra de los dos años siguientes) a la pobre Purita Hernández. Fue el año en que se empeñó en ponerle a sus tres familios regalos de Reyes como todo el mundo hacía.
Para llegar a la tienda de Purita (sin ser vista por Rafael el Compa -le debía unos cachillos-) echó por La Matazón, cruzó por los majanos de Los Cascajos y atravezó por las orillas de las fincas hasta salir al Callejón del Cine Nuevo.
Ese año, en el Parral, hubo pistolillas de mixtos haciendo ruido y muñequillas de cartón durmiendo en sus cunitas.
Besos muchos para Marisa y para recordada madre.

Enrique García del Parral -

Pepito Saavedra de mis entretelas, tus palabras cariñosas sabes bien lo que me animan, ya pagaremos y...que las mañas nunca pierdas.
Todas nuestras madres, incluída Damianita, son o fueron maríasdelparral y muchas cosas más para bien nuestro.
Un abrazo grande.

Enrique García del Parral y Valencia -

Gracias a ti también por tu comentario, Jose, me anima a seguir escribiendo esas vivencias que son comunes a (todavía) muchísima gente. Tus palabras tiene el valor añadido de haber sido escritas tempranito, a la hora en que María la del Parral le daba la jiribilla y se tiraba de la cama para aquellar su casa y familia. Memorias tantas de Enrique el de Demetria.

Mª Luisa Quintana Hdez -

Cuántos recuerdos me vienen a la memoriatus alegres y beneficiosos escritos.Antoñito Ramona me curaba los huesos cuando me caía. El barranco de Tocodomán cuando llovía se llevaba por delante todo lo que cogía.Las chiquillas nos metíamos de cabeza y salíamos empapadas como los pollos.Recuerdo con mucho cariñoa mi tía Quisca sentada en la acera de su casa cosiendocon las gafas apoyadas en la punta de la nariz y de paso miraba por encima golifisquiando lo que pasaba por la calle.También me acuerdo de la panaderia de José Matías.Los olores a dulces y a pan calentito llegaban hasta el barrio.¡Ay amigo Enrique! sigue escribiendo para que alegres nuestras vidas.Muchas felicidades en estas fiestas navideñas para ti y para toda tu familia.

Jose Ramon yvañez Araujo -

Bueno,me a gustao montones el cuento de MARIA LA DEL PARRAL,y quiero dar las gracias a quien hace posible,que estas cosillas nuestras se lean,para que la gente joven de alguna manera vean los trabajillos que se pasaban antes.solo me queda felicitarlos,gracias

José Saavedra Molina -

Mi querido amigo Enrique. Otra vez más, muchísimas gracias por tus relatos. Me transportan a nuestra niñez. Aunque no hayamos tenido la suerte de coincidir en los mismos accidentes geográficos. Pero, como siempre, tienes la virtud de transportarme también a mi niñez. Me viene ahora a la memoria, por mor del lenguaje y vocabulario empleado, a muchísima gente que usaba la misma jerga. Recuerdo, sobre todo, a mi vecina (no la menciono por su nombre por respeto tanto a ella como a su numerosa descendencia). Pero ella, esa mujer cargada de hijos a los que le dio la educación que Dios le encaminó y que se "aquellaba" los días de fiesta o, simplemente para acudir al médico. Qué recuerdos me evocas. Muchísimas gracias, Enrique. Y, "que nunca las mañas pierdas", como solía decir esa "heroína", cada vez que alguien tenía un detalle de delicadeza con ella o con cualquiera de sus "familios". Un abrazo y que la Vida te siga colmando de bendiciones.

Enrique García del Parral -

Tu comentario, Manuel del primero de enero,refleja acertadamente el espíritu del cuentillo.En origen, la tal María, no tenía ni nombre que llevarse a la boca, podía ser cualquiera de las madres que,por los años cincuenta, tenía que rejertiar bastante y aquellar lo indecible para sacar adelante y llevar como Dios manda a su familia. Al final se llamó María, pero su nombre verdadero subyace bajo el de todas aquellas matronas (machonas ellas) que tiraban como toras del yugo de su casa y de sus pobre hacienda; es, en definitiva, un pequeño homenaje a todas esas mujeres (no sólo las casadas) que sacaban pa'lante lo que les había tocado en suerte lidiar: casa, familios, padres, economía, trabajo, deudas...

Un abrazo fuerte de un aldeano que se pasó media infancia jugando en el barranco Tocomán de sus entretelas.

Manuel Reyna Guedes -

Hola amigo Enrique!
Muchas dichas para tí y los tuyos en el 2009.
Me encantó María la del Parral, con sus explicaciones geográficas de nuestra querida Aldea. ¡Qué poco la conozco todavía! Tengo que patearla mucho, mucho.
A pesar de saber por tí que María es fruto de tu "desbordante imaginación" la veo muy real y pienso en la cantidad de Marías que hubieron en Canarias y siguen habiendo en tantas partes de nuestro pequeño mundo. ¿Qué difícil debe ser sacar p'alante una familia cuando no hay cuartos suficientes? Y que grandes las matriarcas, siempre luchando para sacar a su gente adelante.
Disfruto muchísimo con tus historias. Un abrazo sincero de Manuel, y a seguir escribiendo que para eso estás jubilado jejeje...

ACERCA DEL PERSONAJE -

María la del Parral comenzó a cruzar el barranco Tocomán de mis cuentillos allá por el Adviento, a punto de acabar, del año setenta y nueve; por aquel entonces estaba a punto de parir al primero de sus "inesperados" retoños. Sale, preñada o no, todos los años (aunque no la veamos) a solucionar los problemas coyunturales por los que ,en ese momento, pasa su familia; lo hace casi siempre en tiempo de Navidad y, constante e intermitentemente, por mor de las urgencias alimentarias de su jurria de familios.*
Durante todo el calendario le va haciendo la droga (y pagando pisco a pisco) al pobre tendero de sus penas y de sus entretelas: Augusto el del Pinillo, el cual le queda un tiro de piedra, la oye, le alivia sus penas y le evita cruzar el barranco hacia tiendas de ultramarinos más reacias al fiao y al eterno entrampe; pero, por Pascua, el golosineo de los suyos la obliga a buscar en otros "delicatessen" de La Aldea algo con que untar el bezo a esa jarquilla de tragones que Dios a querido darle.
En su banda del citado torrente Tocodomán lo más refinado es la carne de cochino de hila y el tocino entreverado; por consiguiente, antojadiza ella e impertinentes sus comensales, se dedica a coger fiado a todo el que se le ponga por delante.
Sus recorridos (a estudiar) pueden ir desde la tienda de Maruca Quintana, en La Placeta, hasta ca' de Pi el de Los Cardones, en tal lugar; desde ca' Tomasito Valencia, en Los Llanos, hasta donde Antoñito María, en el Barranquillo Hondo. Ha llegado, en sus correrías, a la tienda de Pepe el de La Cardonera y a la de Siso en La Hoyilla; incluso, le comenzó cuenta sinfín al pobre Cubano.
No hay límites ni veredas que la susodicha no haya usado para llegar, sin ser vista por los demás acreedores, a los nuevos mercados; no hay vericuetos por los que ella no haya transitado con su cereto vacío a la ida y, por los que la tal se nos haya vuelto al Parral con todito él de comida estibado.

*Sólo una vez me pareció verla (enralá) por tiempo de Carnavales; creo que era ella -si les digo... los engaño- la que iba forrada de colchas jarabandingas y zancajiando todo el pueblo en su graciosa labor de pedir huevos y demás prevenciones para las tortillas que la tal mascarita tenía el antojo de hacerse.