La tienda de Purita

La tienda de Purita, mi madre, era, para los niños, la más popular del pueblo. Durante todo el año vendía de casi todo, pero a partir de diciembre se dedicaba casi exclusivamente a la venta de juguetes.
A principios de diciembre llegaban las grandes cajas de madera llenas de juguetes. Los niños de la casa curioseábamos en ellas para ver si percibíamos algo de su contenido, pero nos quedábamos con las ganas. Nuestra mente volaba pensando en qué novedades habría ese año.
Al día siguiente mi padre las abría, cuando mis hermanos más pequeños se habían quedado dormidos. Sólo quedábamos en pie mi hermana Marisa y yo, que asistíamos con los ojos como platos, observando cómo iban sacando coches de carrera, balones, muñecas, camiones y toda clase de juguetes .
Luego procedían a colocar los precios y seguidamente mi padre extendía unas cuerdas, entre las dos estanterías. Luego amarrábamos los juguetes que quedaban colgando como estrellas en el cielo.
Ya la voz se había propagado por toda la chiquillería del pueblo:
-Ya llegaron los juguetes a la tienda de Purita.
Al día siguiente los niños se presentaban para ver los que les habían quitado el sueño durante un largo tiempo.
Uno exclamó:
-Yo me pido un balón de fútbol- y para que no hubiera dudas, aclaró- ¡de reglamento!
Otro gritó decidido:
-¡Yo le pido una bicicleta!
Y una niña, que apenas llegaba a sobresalir su cabeza del mostrador, pidió tímidamente:
-¿Me puede enseñar aquella muñeca, por favor?
Un día se presentó Antonio "el Chula" y le dijo a mi padre:
-Antoñito, deme la moto que quiere mi hijo. No me deja tranquilo, ni puedo dormir, siempre está con la misma cantinela:
-Una otilla...Una otilla...Una otilla...
Y el buen señor le compró la moto a su hijo y volvió la paz a su hogar.
Una vez que los niños habían elegido su juguete, sus padres les acompañaban para verlos y saber su precio.
Unos se apresuraban a comprarlos desde el principio. Otros esperaban a mediados de mes para encargarlos y unos pocos se presentaban en los últimos días antes del Día de Reyes.
El día 5 de enero, a las doce de la noche, siempre llegaba el Sr Rodríguez, Gerente de la Comunidad Bersabé, a comprar los juguetes más caros, los que nadie había adquirido por su elevado precio. Los hijos de ese señor fueron compañeros de mis hermanos, uno de los cuales, Román, fue Presidente del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Canarias hace poco tiempo.
Hablar de la tienda de Purita era sinónimo de juguetes, de alegría, de profundos sentimientos y de grandes emociones.
Aún hoy es recordada con cariño por las personas que fueron niños en aquella época.
3 comentarios
Mª Luisa Quintana Hdez -
jose Ramon Ivañez araujo -
Estas anecrotas,cuentos,historias,que se cuentan aqui son las Raices de LA ALDEA,Y nos ayuda a conocer algo de el pasado,a los que no tuvimos la gran suerte de conocerlo.
muchas gracias por ayudarme a conocer el pasado de mi pueblo
Enrique García Valencia -
Yo mismo tengo experiencias visuales, olorosas, auditivas y táctiles de la citada tienda que nunca se me podrán borrar; están en el disco duro, al canto atrás del cerebelo, donde la niñez subyace para siempre, donde...
Un abrazo Enriquecidopara ti.